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Ignacio Martín Lerma: “Mi mejor presupuesto es la imaginación”.

Ignacio Martín Lerma. Vera (Almería), 1981. Si tuviésemos que referirnos a este joven triunfador en un solo apartado, encajaría bien en el papel de Indiana Jones del S.XXI. Licenciado en historia, arqueólogo, profesor de la Universidad de Murcia, guionista, director, poeta, cinturón negro de kárate...

Madrugada. Dos hombres y una adolescente viajan en coche por una carretera solitaria, vuelven de una casa de campo. La linterna del policía que los para ilumina la parte de atrás del coche, donde brilla un hacha ensangrentada…

No es el inicio de una película, es una historia real, aunque sin cadáveres y con kétchup en lugar de sangre. Es la anécdota más divertida de Ignacio Martín Lerma, que volvía de rodar Oscuro Silencio (2001), su primer cortometraje de terror. 

Ahí comenzó sus pasos como director y guionista hasta que dio el salto a la gran pantalla con Merry Little Christmas, Primer Premio del Festival de Cine de Zaragoza y Premio del Jurado del festival de Cine Español de Málaga. Más de 40 nominaciones nacionales e internacionales, preseleccionado para los Goya 2012 y también para el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, la mejor experiencia por ser la primera, la más mágica, “porque no sabes lo que estás haciendo hasta que te ves con un esmoquin en una gala de cine”.

De película

“Hay mucha gente brillante,
pero poca gente es original”.

Su último cortometraje, Lluvia (2013) junto a Javier Arellano, lleva impregnado ese sello de misterio, tensión e imágenes que son palabras que le hace ser diferente, porque “Lo más importante es la originalidad, hay mucha gente brillante, pero poca original, todo autor tiene su sello y hay que buscar y crear bombas con un perfil nuevo, distinto”.

En Twitter, su red social favorita, dijo que “La vida es como una película basada en hechos reales. Si tuviera que protagonizar una
película, por muy tópico que suene, sería Indiana Jones”.

La arqueología y las piedras son una de sus grandes pasiones, vive “metido en cuevas”. Experimentar para comprender, Tecnología del Paleolítico, su documental sobre la evolución de las técnicas de fabricación de los útiles más representativos del Paleolítico, fue el único documental español seleccionado en el Festival Internacional de Cine Arqueológico en Reveretto (Italia).

La Arqueología es más que una profesión, es un estilo de vida, es sinónimo de viajar, de conocer, compartir vivencias que dejan huella, las excavaciones son un pequeño gran hermano”. Le apasiona la Traceología, el análisis de las huellas de uso, a la que define como un “CSI de la Prehistoria”. “De un simple pelo, se descubre al asesino; nosotros, de trazas muy pequeñas obtenemos grandes resultados”.

Adora a Freddy Krueger, confiesa que decía “Mamá, yo quiero tener pesadillas como los demás niños”. “El miedo es arrastrar al espectador a una situación límite en la que todo le haga sentirse inseguro”, una técnica que le ha valido para que los espectáculos de terror de Halloween que organiza todos los años en la Filmoteca de Murcia hayan sido calificados como los mejores en el Top Ten Nacional. A alguien como él, que utiliza tanto esos mecanismos, es difícil asustarlo.

Hombre seductor, niño inseguro. Choca que el entrevistado, tipo seguro, con tablas, nos desvele su timidez infantil. “Me siento mucho más identificado con el chico tímido y empollón que con el payaso de turno. Ni siquiera hablaba con las chicas que me gustaban por miedo a mirarlas a los ojos”. Que la lluvia sea protagonista de su último film viene de la búsqueda por encontrar algo
exterior lo suficientemente poderoso para que la protagonista se salte las normas. La lluvia, para Martín Lerma, sería “cualquier nombre de mujer”.

“No me gusta idolatrar, todos tenemos mocos”

La vida es verso

Rebosa humildad y reconoce que les debe mucho a sus padres, ya que “este mundo de la farándula te hace perder un poco el norte y a veces no sabes ni dónde estás”. Ha conocido a muchos famosos y revela que “Nos gusta demasiado idolatrar y con muchos te llevas una desilusión tremenda. Es mejor normalizarlos, todos tenemos mocos”.

Su palabra favorita es verso. Fan de Héroes del Silencio, se encuentra entre dos tierras. La poesía es el Jekyll del Míster Hyde que lleva dentro, con un cerebro partido en dos, un lado romántico, lírico y otro oscuro, terrorífico. Lo terrorífico asusta y atrae al mismo tiempo, duelo de opuestos. Algo que le fascina y que le aterroriza son las alturas. Se considera adicto a las montañas rusas y al puenting, pero a veces una simple escalera le inspira respeto.

Ganó su primer premio literario con 13 años por Las otras Caras de la Historia, relatos cortos donde la historia se cuenta desde una perspectiva diferente, como “la del limpiabotas de Pérez Galdós”. Su objetivo era reivindicar que “la historia no sólo se escribe gracias a los nombres en mayúsculas que llegan a los libros, sino que debe mucho a héroes desconocidos”.

No le van las medias tintas. En su poesía, los mensajes son claros, directos, sencillos, un estilo que ha ido perfeccionando con el tiempo hasta vender más de 2000 ejemplares de Primer Plano, un poemario definido como "Metáforas que se funden en imágenes y Fotogramas que se convierten en versos". 

En sus poesías habla mucho de amor, pero sobre todo de desamor, un motor creador que te entristece pero te activa. “El peor fracaso en el amor son los amores imposibles, cuando sabes que es mejor el amor de tu vida,
pero no puedes estar con ella” . Sí, lo sé, soy un adicto a la tristeza”, bromea.

Sufre incontinencia creativa. No puede parar de crear ni permitirse la “media hora de sofá que todos deberíamos tener para dedicarnos a nosotros mismos”, echa de menos escribir más, pero sobre todo estar consigo mismo.

Su consejo para un aspirante a escritor; “Escribe lo que sientes y que no te de miedo enseñarlo”. Para leer recomendaría Habitaciones separadas, de Luis GarcíaMontero, para mostrar que “en poesía no todo son los clásicos, ayuda a sacar lo que llevas dentro”.

Martín Lerma es un coleccionista nato, pero lo que más le gusta coleccionar son momentos. “El tiempo es un asesino de recuerdos. Hace de los minutos pasados irrepetibles”. Le cuesta elegir porque ha vivido muchos, pero cree que hubiera parado el tiempo cuando le dieron la beca para hacer la tesis doctoral en Madrid. ç

Opina que “Cada vez que nos levantamos encontramos nuevos vestigios que nos sorprenden al ser descubiertos y nos hacen sonreír”.

Y termino como él comenzó su libro (Primer Plano): “Deposita vida en mis labios. No permitas que la voz de mi poesía se silencie.” Estoy segura de que eso no ocurrirá.