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La cárcel de hoy-Hoteles o prisiones, esa es la cuestión.

En una Comisión de Presupuestos, uno de los presentes observa que mientras el presupuesto de sanidad y educación se ha recortado significativamente, la asignación dedicada a la construcción de prisiones se ha incrementado de forma notable. Extrañado, pregunta al presidente por este hecho. El presidente le sonríe, le mira con sorna y contesta, “¿Acaso vamos a volver nosotros a la escuela”?

Es sólo un chiste, pero refleja una dura realidad. Con los recortes actuales de 10.000 millones de euros en educación y sanidad, cabe preguntarse si el gobierno no debería meter las tijeras en otros campos menos necesarios y de los que no dependiera tanto el futuro del país. Mientras que los jubilados ahora abonarán medicamentos en función de su renta y los universitarios pagarán más del doble por sus matrículas, los presos de las cárceles de España pueden disfrutar de piscina climatizada...

La prisión siempre ha estado envuelta en un halo de misterioso encanto, patrocinado por literatura, televisión y cine, en el que suele mostrarse un lugar infernal en condiciones extremas, donde muchas veces los funcionarios de prisiones son monstruos uniformados. Esta visión dista mucho de la realidad. La cárcel no es un mundo extremista de buenos y malos liderado por Antonio Resines o Luis Tosar(Celda 211)


    

Según la declaración de A.L, funcionario de prisiones durante 25 años en distintos centros penitenciarios españoles, Hasta no hace mucho, la imagen reflejada en los medios de la cárcel era de un lugar sórdido, con instalaciones muy anticuadas y falta de medios, donde el delincuente es una víctima que vive en condiciones infrahumanas, representando a los funcionarios como carceleros represores y sádicos, o funcionarias, recias, poco agraciadas y lesbianas, afortunadamente estereotipo ya bastante desfasado. 

Paradójicamente, dentro de los sectores de la Administración del Estado, el sector penitenciario es donde más titulados universitarios hay sin ser un requisito exigido”.

Las prisiones españolas, entre las más pobladas de Europa.

El porcentaje de presos extranjeros residentes en las cárceles españolas es del 36,5 %, lo que nos sitúa a la cabeza de Europa. Nuestras cárceles están al 140 por ciento de su capacidad, tan solo superadas por Chipre e Italia, según un informe del Observatorio de la Delincuencia.

La delincuencia continua siendo uno de los temas que más preocupan a la opinión pública. Para realizar un correcto análisis de su evolución se creó el Observatorio de la Delincuencia (ODA). Entre sus principales objetivos se encuentra la realización de estudios científicos sobre el fenómeno delictivo, actuar de fuente de información y convertirse en un centro de referencia en documentación especializada.Dentro de sus tareas se encuentra la realización de informes anuales que analizan la evolución y el desarrollo de distintos aspectos de la delincuencia. El último estudio publicado se centra en analizar la realidad penitenciaria española, con una comparación con el resto de países europeos junto a un análisis de la respuesta de la política penitenciaria a los cambios en el código penal.

Una de las primeras conclusiones presentadas por este trabajo es la existencia de importantes discrepancias entre las políticas criminales y penitenciarias. Las primeras se han centrado durante las dos últimas décadas en modelos punitivos, con una aplicación excesiva de la prisión preventiva y escasez de penas alternativas. Por su parte, las políticas penitenciarias, se han basado en la introducción de módulos de respeto y programas de tratamiento, así como, en un acercamiento de los presos al mundo exterior. La consecuencia principal de estas incompatibilidades entre ambas políticas es la superpoblación de las prisiones. Tan solo superada por Chipre e Italia, España se sitúa entre los países con una de las mayores tasas de población de presos, alcanzando una media de ocupación superior al 140 por ciento.

Fácil de entrar, difícil de salir

Este dato se debe fundamentalmente a un endurecimiento del código penal, ya que, como informó el ODA en un anterior estudio, no existe un aumento de la delincuencia ni del número de entradas en prisión en los últimos años. Elisa García, directora del ODA y responsable del informe titulado Realidad y política penitenciaria, lo expresa así, Las características de nuestro sistema penal hacen fácil entrar en la prisión y muy difícil salir de ella”.

El alto número de presos internos no se correlaciona con un aumento del número de incidentes e intentos de motín o fuga, sino todo lo contrario. Los expertos consultados durante la elaboración del trabajo, afirman que este hecho puede deberse a que el clima mediterráneo y las prisiones abiertas que posee el sistema, no dan lugar a que se generen problemas. Además, según comenta García, la existencia de un sistema de premios y beneficios, está garantizando el buen comportamiento de los presos”.

Otro dato que arroja el análisis es que el porcentaje de presos extranjeros residentes en las cárceles españolas es del 36,5 por ciento, lo que nos sitúa a la cabeza de Europa. Según los investigadores, “este dato no se debe a un aumento de la delincuencia de este colectivo sino al uso extendido de medidas cautelares” (el doble que en los presos españoles), debido al riesgo de fuga por sus escasas relaciones con la comunidad.

En el sistema penitenciario español existen diferentes estrategias que se centran, por un lado, en mejorar el clima de convivencia y de respeto entre los internos (módulos de respeto) y en atender las necesidades específicas de un determinado colectivo, como pueden ser por ejemplo, las unidades de madres.

La finalidad de los módulos de respeto es lograr un clima de buena convivencia entre sus residentes,  lo cual se intenta conseguir mediante su participación en la vida, las tareas y las decisiones del módulo. La inclusión en él es voluntaria y lleva implícita la aceptación de las normas del departamento, que regulan aspectos personales, de cuidado del entorno y de relaciones interpersonales. Los expertos encuestados durante la investigación se encuentran divididos entre aquellos que los defienden y aquellos que consideran que existe demasiado control.

El buen trabajo en las prisiones españolas por parte de los responsables penitenciarios y la evidente fisura en el entendimiento entre las políticas criminal y penitenciaria son las principales hechos destacables y en este sentido, se proponen unos cambios necesarios como un aumento en el seguimiento del apoyo a los presos tras la excarcelación y de las investigaciones sobre la percepción social del delincuente, ambas medidas, afirman los responsables, “ayudarán a una mejora de las estrategias de reinserción social”.

Cárceles españolas, las favoritas de los extranjeros

En España es donde más gasta el Estado por cada interno del mundo y muchos extranjeros que podrían cumplir condena en su país de origen eligen quedarse, y es que las cárceles españolas han evolucionado mucho desde la transición. Ya no son lugares lúgubres, inhóspitos y aterradores, sinomini ciudades con todos los servicios cubiertos. Según A.L, “Mientras que un preso en España tiene garantizada la asistencia sanitaria durante veinticuatro horas, muchos ciudadanos no la tienen”

En La prisión Murcia II, donde se invirtieron más de 112 millones de euros, las celdas son de 13 metros cuadrados, tres más que en el resto. Además, cuenta con cocina, aulas, polideportivo, panadería, lavandería, gimnasio y piscina climatizada. En la Prisión de Aranjuez las paredes de las celdas no están llenas de grafitis, sino de dibujos y personajes de Disney. Se trata de una cárcel con celdas de acogida de familias, con guardería y parque infantil para niños, en la que estos conviven con sus progenitores encarcelados y los presos buscan la rehabilitación para aprender habilidades de padres. Las unidades especiales de la sección F-1 son conocidas en la jerga de la cárcel como "celdas de cinco estrellas".

El Art.1 de La Ley General Penitenciaria establece que Las instituciones penitenciarias reguladas en la presente Ley tienen como fin primordial la reeducación y la reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales privativas de libertad, así como la retención y custodia de detenidos, presos y penados”

Este concepto de reinserción social plantea el complejo debate de si la cárcel debe ser ante todo un castigo o un hotel. Echar un vistazo a determinadas prisiones repartidas por el mundo da qué pensar, puesto que aunque se respeten todos los derechos humanos y a pesar de que el objetivo sea la rehabilitación, resulta contradictorio no establecer límites a la hora de imponer ciertas normas.

En algunas prisiones chinas, para funcionarios del partido gobernante, podemos encontrar habitaciones de 20 metros cuadrados con balcón, oficinas exclusivas, ostentosas salas de conferencias, bares, estadios y coloridos parques. Los convictos pueden usar su teléfono móvil sin restricciones, algunos incluso cuentan con coche privado y pueden ir a dormir a casa u organizar cenas de gala en prisión para cerrar negocios.

Algo más lejos de allí, en la orilla de una piscina varios hombres musculosos y tatuados hacen parrillas y beben whisky, mientras algunas mujeres en bikini toman el sol, con un sonido de reggaetón y aroma a marihuana de fondo. Esta instantánea podría ser una postal de Playboy, pero sin embargo es el lugar donde se “encierra” a los más duros narcotraficantes. Así es la Cárcel de San Antonio, en Venezuela, desde donde se organizan secuestros, asesinatos y tráfico de drogas, liderados con presos que tienen en sus manos Blackberries, ladtops e incluso armas.

"Si tienes dinero puedes vivir como un rey", es el comentario de un interno boliviano. En la prisión de San Pedro, en la Paz, no hay guardias, uniformes ni barras de metal y los presos compran sus propias celdas, amplias y elegantes secciones con baño privado, cocina y televisión por cable.

La prisión de Bastoey, en Noruega, la “Isla de la Esperanza”, es la primera prisión ecológica del mundo en la que además de inculcar la responsabilidad hacia el medio ambiente, destaca por sus condiciones de vida, similar a un campamento de verano con actividades como tenis, equitación, y natación. Sin embargo, no es la mejor de Noruega, ya que el Penal de Halden Felgsen es conocido como la prisión más humana del mundo” debido a que sus instalaciones cuentan con las mejores comodidades como televisiones de plasma, pistas polideportivas, un estudio artístico de grabación y hasta una pared de roca artificial para practicar la escalada.

“En la realidad, la reinserción social es una quimera”, afirma A.L,Sólo un mínimo porcentaje lo hace, pero la gran mayoría sigue delinquiendo. Casi un noventa por ciento de los reclusos son reincidentes, se podría aplicar la parábola de la oveja perdida, que una vuelva al redil ya es un gran logro. El principio básico es la predisposición. La prisión debe tener mejoras y beneficios, pero sólo para los que deseen reinsertarse y se lo merezcan. Si se quebrantan las leyes, hay que imponer condiciones duras. La cárcel debería recuperar el efecto disuasorio de sus orígenes, a la hora de cometer un delito la gente debe pensar que tendrá un castigo y que no saldrá impune. Cometer un delito en España no tiene un castigo proporcional, o se pasan o no llegan. En muchas situaciones la comisión de un mismo delito en las mismas circunstancias es muy dispar en su condena, pero eso es cosa de la justicia.

El funcionario de prisiones difícilmente puede ver reflejado su esfuerzo.

Michael Foucault, historiador y filósofo francés, dijo que “La prisión debía ser un instrumento tan perfeccionado como la escuela, el cuartel o el hospital y actuar con precisión sobre los individuos. Desde 1820 se constata que la prisión, lejos de transformar a los criminales en gente honrada, no sirve más que para fabricar nuevos criminales o para hundirlos todavía más en la criminalidad. La prisión fabrica delincuentes, pero los delincuentes a fin de cuentas son útiles en el dominio económico y político. Los delincuentes sirven”.

¿Se diferencia tanto una cárcel de la escuela? La diferencia clave radica en que la escuela está llena de niños de todas clases, pero en la cárcel se juntan los más problemáticos, por lo que difiere bastante la labor de un docente que de un funcionario de prisiones. “El Régimen penitenciario es demasiado garantista y eso va en detrimento de nuestro trabajo. En la práctica, la sanción no se cumple”, declara A.L, “Un arquitecto ve su edificio, un artista ve su pintura, un maestro ve la evolución de sus alumnos, cualquier profesional puede ver su obra plasmada, el fruto de su trabajo. En cambio, el funcionario de prisiones difícilmente puede ver reflejado su esfuerzo, lo que resulta muy frustrante”

A pesar de esta diferencia, ambas instituciones guardan un parecido importante. La manera en la que salgan los niños de la escuela influirá decisivamente en su comportamiento futuro. Lo que no se puede hacer es darle a un niño una dosis extra de manga ancha, porque si lo consentimos todo lo malcriaremos y lo maleducaremos. La cárcel podría perfectamente regirse por este simple sistema, las recompensas por lo bueno y los castigos por lo malo. No será innovador, pero es eficaz. Claro que difícilmente podrá mejorar la educación si la valoramos cada vez menos. Quizá los mejores educadores deberían comenzar con los más pequeños desde el principio, de nada sirve que lleguen a la universidad si desde niños no se les ha enseñado bien. Como dijo Concepción Arenal, Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”.